Las maravillas del beso.


El beso… ese maravilloso cariño que recibimos desde muy pequeños y que nos entrega la primera señal que otro nos quiere y nos considera. ¿Cuántos besos habremos recibido en la vida? ¿Cuántos tipos de besos podemos reconocer? ¿Cuán innovadores somos con nuestros besos para expresar exactamente lo que estamos sintiendo?

Me atrevo a afirmar que de tanto beso entregado y recibido hemos perdido habilidad para explorar todas las posibilidades de un beso. Quizás los besos más comunes que abundan en nuestra vida cotidiana sean los besos de “estampilla”, incluso con nuestra pareja o “piquitos” como también hoy los llaman. Muy probablemente los besos húmedos, profundos, mordisqueados, sean los más recordados y también los más ausentes.

Besar no significa juntar dos bocas, besar eróticamente tampoco se resume en mojar intensamente la boca de nuestra pareja o hacer un ejercicio “lingüístico”. Aprender a besar y entrenar una diversidad de besos potenciará nuestra habilidad erótica para provocar a nuestro amante y por cierto a nosotros mismos.

Los besos pueden envolver cualquier acto sexual cotidiano y si son bien aprovechados, convertirlo en una gran experiencia “húmeda”. Los besos pueden provocar y activar las ganas cuando ello ni siquiera ha ocurrido producto de un buen tocamiento genital. Un beso puede ser el broche de oro de una experiencia llena de pasión pero donde también uno encuentra ternura. Todo depende de que beso ud ponga en marcha.

Besar con los labios y solo con los labios implica rozar con tu boca cuanta zona te parezca interesante de explorar, besa con la boca entreabierta para que tu pareja sienta la tibieza de tu interior, pero no involucres la lengua, besa despacio, suave, de a poco.

Para el “beso con lengua” hay que aprender a usar la lengua como elemento de provocación; juega con tu lengua dentro de la boca de tu amante, prueba diferentes formas, más superficiales, más profundas, pero deja respirar a tu pareja. Acaricia el paladar, explora su boca y relaja tu lengua cuando tu pareja quiera jugar contigo.

Besa también con tus dientes; mordisquea la comisura de los labios de tu compañer@, o cualquier zona que te provoque, pero con calma, despacio, haz que se sienta “comido”, atrapado por la pasión que su cuerpo desata en ti.

Relaja tu boca y deja que el otro “la visite”, quizás el beso más apasionado, cuando la intensidad del encuentro es alta, basta encontrarse con la boca del otro que se abre, en señal de entrega, de disposición a cualquier contacto.

Y no olvides del beso de reconocimiento y agradecimiento por el buen momento vivido, ese beso profundo, pero ya calmo, el beso tierno y arrullador, el beso del relajo, el beso antes de dormir.

Los besos traducen amor, compasión, ternura, pasión, locura, relajo… así que no olvides besar a tu compañero/a con la mayor frecuencia posible, hay muchos motivos para besar.

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© 2016 Patricio Jünemann