8 de agosto: ¡Día del placer femenino!

Si bien el origen de esta celebración es un tanto bizarro, no quiero perder la oportunidad de dar las gracias a tantas mujeres que, a través de su aporte a estudios clínicos, o su labor como desafiantes investigadoras o férreas activistas, permitieron dar validez al orgasmo femenino.

No fue sino hasta el siglo XX que las mujeres pudimos validar una experiencia de placer sexual que parecía circunscribirse sólo a los hombres (algo parecido ocurrió también con la masturbación femenina). Los primeros “estudios” sexológicos no sólo negaron a la mujer el deseo sexual sino también lo consideraron un indicador de patología psiquiátrica. Aquella mujer que deseaba o expresaba algún tipo de búsqueda de placer, era claramente una loca. Así de simple.

El orgasmo como tal vino sólo a visibilizarse cuando grandes encuestas a población femenina como aquella liderada por Hite, consiguieron revelar una vivencia sexual femenina muy distinta a aquella validada en el relato socialmente aceptado.

Hoy las mujeres podemos celebrar nuestro derecho a gozar de la experiencia erótica. Hoy podemos aprender el cómo producirnos un orgasmo, de la misma forma que podemos aceptar que éste sea igualmente válido llegue o no a través de una experiencia penetrativa. Y quizás lo más relevante, hoy las mujeres podemos pedir y accionar para gozar de un espacio de placer personal y único.

No olvidemos que el ORGASMO es NUESTRO: y por lo mismo somos nosotras las que sabemos el ritmo que queremos o necesitamos, así que comencemos a guiar ese movimiento, su intensidad y su cualidad, de manera de aliviar a nuestro compañero aquella responsabilidad ancestral que cargan los hombres de ser gestores de nuestros orgasmos.

La responsabilidad del orgasmo femenino es de las mujeres; nuestras parejas podrán acompañarnos, apoyarnos y ser unos buenos amantes en la medida que nosotras tengamos una participación protagónica en la búsqueda del placer sexual.

Por último me encanta que esta celebración sea un Día 8 del mes 8. El 8 es el número del equilibrio, el número de la “doble alegría” para la cultura Oriental. El 8 puesto en forma horizontal, es también el signo del infinito!. Dicho todo esto, me parece que el celebrar un día 8 es totalmente acertado.

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© 2016 Patricio Jünemann