La sensualidad en las mujeres, ¿un asunto de silicona?

06/08/2014

Hace calor… y mucho.  He escuchado por ahí que el calor trae consigo la posibilidad de ver y exhibir…. Concuerdo con muchos que el verano y el calor son unos perfectos anfitriones para observar la feminidad en todo su esplendor: ropa tenue, delgada, efímera…. lindos escotes, piernas, traseros que se movilizan debajo de telas nobles -y no tanto- pero que permiten un buen andar….y un buen mirar. En este sentido, el calor es un excelente aliado para el goce y la cadencia amatoria.

Sin embargo, a algunas de mis congéneres les ha dado con, tan pronto hace calor, pensar en la silicona…. Arreglar por aquí y por allá para que todo aparezca en su justo lugar, sin redondeces de más. Así, en estos días de verano, aparecen ante nuestro ojos corporalidades musculosas, curvas casi estáticas, rigideces que estropean el tan sano bambolear de ciertas zonas agradecidas por los años bien disfrutados. Quiero ser justa y decir que, también en esta época, algunos señores comienzan a buscar el cómo mostrar el músculo apropiado, duro, rígido, informe, a mi gusto.  Hoy divisé en el banco, mientras esperaba en una de esas filas eternas para estos días difíciles,  uno de esos especímenes que se deben pasar horas en la máquina del gimnasio e ingiriendo todo tipo de sustancias proteínicas para  volverse unos… “cuerpos con gusto a nada”.

Y me pregunté ¿dónde ha quedado la sensualidad corporal, con tanto artificio?

No quiero parecer envidiosa, pero me atrevo a decir que la silicona, que tanta mujer desea, no tiene ninguna relación con la sensualidad, entendida como goce, pasión, erotismo, espiritualidad y… honestidad.

La sensualidad es la cualidad del ser sensual, y ser sensual tiene que ver con la habilidad para derivar y exaltar el placer de los sentidos. Desde esta perspectiva, la sensualidad no tiene que ver con tener todo en su lugar, sino más bien con “saber llevar bien lo que se tiene” .La sensualidad es erótica pura… es ser capaz de ensalzar los sentidos propios y los del otro.

Llevar un vestido de manera sensual no se relaciona con el tipo de vestido o con la cantidad de silicona en los senos o con la cuantía de ejercicios practicados para tener un trasero duro… pero sin gracia. Llevar un vestido de forma sensual es incitar a imaginar lo que está debajo, hacer pensar cómo sabe o huele esa piel o cómo será el murmullo placentero de quien lo porta en ese instante, dónde ese cuerpo se desvanece en suaves y delicadas humedades. He escuchado a muchos hombres decir que la silicona sólo se mira, pero de tocarla…. o que tanto hueso, no invita al regocijo por falta de hendiduras esponjosas.

Por eso, invito a las mujeres a reivindicar las redondeces, las cadencias, los movimientos de aquello que se contorsiona y cae ensalzando la sinuosidad. ¿para qué queremos todo tan bien puesto si a la hora de amar lo que necesitamos son esponjosidades, hendiduras, mucho que agarrar y toda blandura que sea capaz de un digno balanceo instigador?

¡Vamos mujeres!, gocemos de sentirnos blanditas y sinuosas, juguemos con lo que se mueve y hagamos una oda a todos los montes con nuestros bamboleos cual volcán Llaima en plena erupción.

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