La lealtad: un pilar del encuentro sexual


¿Con que asociamos comúnmente la palabra lealtad? Probablemente lo más común es pensar en la palabra, aliado, alianza… y junto con éstas palabras surgen también conceptos como honestidad, probidad, honradez, nobleza, rectitud.

En la consulta clínica, el término lealtad lo utilizo para referirme al deber de los miembros de una pareja, de “mantenerse al tanto”. Con ello creo reunir todos los anteriores conceptos. Cuando soy leal a mi pareja, es él quién sabe más de mí que ningún otro. Es mi pareja en quién confío mis dudas, inquietudes e incertidumbres más íntimas (no a mi amiga, a mi madre, o mi compañero de trabajo). Ser leal es ser honesto y transparente con lo que me sucede, no dejar de comunicar lo que soy, en lo que estoy y cómo estoy.

La lealtad se juega también en el ámbito sexual. Y no sólo en la exclusividad sexual o voto de fidelidad, sino en la capacidad de mantener a mi pareja “informado” de lo que me está pasando, de lo que voy sintiendo y de lo que voy necesitando en el encuentro sexual.

Así, seremos leales cuando le indiquemos a nuestro amante qué caricias necesitamos para excitarnos más, en vez de fingir que lo estamos pasando increíble. O cuando le comentemos que necesitamos hacer un cambio a la rutina sexual, pues está comenzando a aburrinos. O cuando le digamos que necesita preocuparse de su físico, pues está dejando de ser atractivo para nosotras. Siempre será ventajoso saber qué le está pasando al otro en el terreno sexual, aun cuando la respuesta pueda no ser la esperada.

Es un desafío para ambos amantes mantener el espacio sexual como un espacio de disfrute para ambos. Si eso no se está logrando será mejor hablar y hacernos cargo de lo que haya que solucionar, más que empezar a buscar disfrute en otros espacios.

Las personas que formamos una pareja podemos cometer errores, creer que lo estamos haciendo bien y no ser cierto, podemos caer en rutinas y también ponernos aburridos. Si somos leales con nuestra pareja y afrontamos un problema, estamos dándonos la posibilidad de ser protagonistas del cambio en el momento oportuno. No es justo para nadie enterarse que el amante no ha estado disfrutando del sexo, en el momento justo donde ya no hay nada más que hacer más que despedirse y asumir el quiebre.

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© 2016 Patricio Jünemann